Si pudiera retroceder en el tiempo, regresaría a mis diez años. Probablemente los disfrutaría más y me quitaría todas esas ideas de convertirme en adulta. Cuando yo cumplí una década de vida, mi pequeño hermano, Jesús, saludaba su tercer año en este mundo. Recuerdo que cada vez que le decía “ser humano” rompía en llanto y la vena de su frente saltaba, siempre imaginaba lo genial que hubiera sido verla reventar, luego me miraba y con esa vocecita decía “¡no me digas!”. Esa rata acuzeta a quien heredé el vientre, en un intento desesperado, acudió a mamá reclamando respeto: “mamá dile que no me diga” (con surcos en los cachetes). De pronto, mi madre le acarició la cara y le susurró: “pero amor, eres un ser humano”, el pobre estalló de indignación y gritó, elevando sus puñitos rechochos al cielo: “¡No! ¡Tú también me dices!”.
Hay días que quisiera haber disfrutado mis primeros cinco cumpleaños, cuando mi papá me enviaba flores y mi mamá me regalaba carritos de policía porque leyó en otro de sus famosos libros de psicología que así crecería mas fuerte. No puedo negar que hay momentos en que quisiera que todo en mi vida de “grande” se arregle con una llamada de mi madre y no tenga que usar palabras difíciles ni oraciones complicadas para defenderme.
Quiero poder levantarme en el momento de la comunión durante la misa sin necesidad de irme a confesar y que mi abuela me diga, con voz dulce, “¿qué pecados puedes tener tú si eres una niña?”. Volver a tomar por la cola a una lagartija y que se le salga solo para que siga moviéndose por unos segundos en mi mano o besar al sapo cojo que mi abuelo tenía en su jardín. Y si me rompen el corazón, que mami busqué al niño y lo regañe para que me vuelva a querer. Solo por un instante, ponerme a llorar y sentirme indignada porque alguien en la calle me dijo “ser humano”.
Esperando a la langosta
jueves, 31 de mayo de 2012
miércoles, 23 de mayo de 2012
Minuto Materno
Hace unas noches, me encontraba con una amiga contemplando un recipiente de plástico con una varilla de cartón sumergida en un tercio de taza de su orina. Un minuto de pasión, se había convertido en los cinco minutos más largos de su vida. De pronto, en la televisión un comercial de pastillas anticonceptivas seguido por un carismático anuncio de condones Pegazo: para que no te metan un golazo (un poco tarde porque parece que iba perdiendo el partido). Mientras los segundos pasaban con gotero y cruzábamos los dedos porque el esperma de su compañero de sábanas no sea de alta calidad, caí en cuenta: Tengo el poder de crear otros seres humanos, una docena de niños podrían salir gateando por entre mis piernas.
Casi, al minuto cuatro ya podía visualizarme con mi fábrica de zapatillas y los hermosos deditos de mis pequeños manufacturando cada una de ellas ¿qué mejor regalo del día de la madre? Lo que otros podrían ver como esclavitud infantil, yo podía verlo como un gran emprendimiento familiar. Salí de mi alucinación al ver la cara de felicidad de la casi futura madre, ¡Dos líneas! ¡Dos líneas! Gritaba mientras sostenía ese pedazo de papel duro lleno de sus fluidos corporales.
Detesto ese comentario (muchas veces de mujer a mujer): “salió embarazada porque quiso” o las historias, espero urbanas, del extractor de jugo de pavo ¿inseminación casera? No vayas a cenar a la casa de una embaraza en Navidad.
Si, en definitiva, tenemos cierta ventaja con respecto a la decisión de engendrar pero un hijo no es un seguro (a menos que se ponga en práctica el negocio familiar que aún no descarto) ni debe de ser la razón para unir dos vidas. Mi madre suele decirme que fui un bebé muy deseado y también suele atormentarme con la historia donde relata que fui concebida en un sillón.
Nota para mis futuros hijos: vengan al mundo con manos muy pequeñas que mami y la industria zapatera con amor los espera.
lunes, 7 de mayo de 2012
"Mala"
Bien dice la canción: “Víbora, ese nombre te han
puesto, porque en el alma llevas el veneno mortal”. Debo de decir que por
primera vez en mucho tiempo me siento sumamente halagada, en mis 24 años de
vida jamás había sido tildada de “mala” ¿Qué es ser realmente “mala”? Quisiera
tener una definición para asimilar mi nueva condición de villana.
Debo admitir que este nuevo adjetivo que acompaña
mi nombre me causa cierto conflicto porque existen categorías, creo yo, en la
amplia gama de la maldad ¿Soy de las malas que matan y queman pequeños animales
en rituales? ¿De las que juegan con el corazón de inocente hombres y luego se
los comen? ¿De las que gritan “maldita lisiada” a mujeres en sillas de ruedas? O
¿de las que compran pequeños pececitos y los sacan de las peceras para verlos
asfixiarse?
Tal parece que si fuera parte del reino animal,
sería un depredador tan cruel que no mataría por necesidad sino por el puro
placer de aterrorizar a mi presa y darle una muerte lenta. ¿Por qué este nuevo atributo a mi persona? Luego
de una pequeña reflexión mientras comía un pan de miga con pollo y piña tuve
una epifanía, tiene sus ventajas ser percibida como “mala”, es decir, caminas
por una calle solitaria a altas horas de la madrugada y te topas con un hombre
desaliñado sosteniendo algo que, a lo lejos, parece una navaja ¿sigues
caminando o huyes? En conclusión, esta maldad que, de acuerdo con mis
detractores, luzco y se siente en mi respiración puede ser mas una aliada que
una enemiga. Puede que ser temida, en ciertos casos, pueda ser más conveniente
que ser querida.
Regresando a una lección tan inocente y básica: no
siempre vas a caerle bien a todo el mundo y sólo debe de importarte lo que la
gente que, en realidad te interesa, piense de ti. La profesora de inicial no se equivocó.
viernes, 27 de abril de 2012
¿Soy lesbiana?
A mis 16 años, mi novio bailaba canciones de Axe Bahia en su cuarto y se movía mejor que cualquier garota en pleno carnaval de Rio. Semanas después de cumplir diez meses de relación me dijo que tenía que dejarme porque necesitaba pasar más tiempo con su “amigo” ¿Cómo no lo vi? Años más tarde, me embarqué en una nueva aventura amorosa donde el muchacho en cuestión estaba contemplando la posibilidad de hacerse la depilación láser porque no soportaba tener vellos en las piernas ¿Qué sucede con los homosexuales?
¿Qué demonios sucede conmigo? ¿Acaso soy un rito de iniciación? ¿Mi foto estará pegada en algún mural de algún Movimiento Homosexual? Una amiga me decía que debo de sentirme especial por llamar la atención de estos muchachos pero luego de dos relaciones y una pretendienta lesbiana debo de empezar a contemplar la posibilidad de ponerme un cartel que diga “Solo para heterosexuales” ¿El universo estará tratando de decirme algo? ¿Mi radar gay estará malogrado? Creo que soy la única mujer que entraría a una discoteca para homosexuales y se sentiría afortunada por la cantidad de público masculino.
¿Qué tan grave sería si termino mis días con un hombre más femenino que yo? Quizás soy la precursora de un nuevo tipo de lebianismo, un heterolesbianismo quizás eso responde muchas preguntas a mi aparente fascinación con los gays: Chicos cuiden a sus novios.
¿Qué demonios sucede conmigo? ¿Acaso soy un rito de iniciación? ¿Mi foto estará pegada en algún mural de algún Movimiento Homosexual? Una amiga me decía que debo de sentirme especial por llamar la atención de estos muchachos pero luego de dos relaciones y una pretendienta lesbiana debo de empezar a contemplar la posibilidad de ponerme un cartel que diga “Solo para heterosexuales” ¿El universo estará tratando de decirme algo? ¿Mi radar gay estará malogrado? Creo que soy la única mujer que entraría a una discoteca para homosexuales y se sentiría afortunada por la cantidad de público masculino.
¿Qué tan grave sería si termino mis días con un hombre más femenino que yo? Quizás soy la precursora de un nuevo tipo de lebianismo, un heterolesbianismo quizás eso responde muchas preguntas a mi aparente fascinación con los gays: Chicos cuiden a sus novios.
viernes, 20 de abril de 2012
Auto Ayuda
Debido a sus problemas amorosos, una amiga decidió ir a misa y levantar una oración al todopoderoso por su relación perdida. Llega un punto donde te das cuenta que la resurrección de un hombre y la asunción a los cielos de su madre virgen tiene más lógica que intentar recuperar el amor de una persona.
Estaba caminando por una calle cuando, de pronto me sorprendí a mi misma entrando a una librería. No puedo empezar a explicar lo incómoda que me pone cuando un vendedor me pregunta: ¿En qué puedo ayudarla? Sin embargo, esta vez, sí podía ayudarme, me llené de valor y respondí: ¿Dónde están los libros de auto-ayuda? (poco falto que me excuse, inventando que no era para mí) Era oficial, le estaba diciendo a este hombre con una simple duda que algo no andaba bien en mi vida. Leí con detenimiento cada uno de los títulos hasta encontrar uno que resuelva mis conflictos amorosos. Por fin encontré uno en cuyo prólogo mencionaban un estudio de la universidad de Berkeley (es el equivalente a leer una etiqueta y ver 100% algodón). Entre a un café, me senté y arranque el plástico (cómo niño rompiendo una envoltura de regalo), abrí la primera página y me llene de vergüenza al exponer la tapa del libro en público, solo faltaba que me levante y me presente: “Hola mi nombre es Alejandra y claramente, algo no está bien en mi vida”.
Escuchaba, muy atenta, a un muchacho hablar sobre las relaciones (no sólo acudo a la literatura sino a la sabiduría popular) y comentaba que así como vivimos el amor, tenemos que vivir el desamor y atravesar esa etapa. Después de mucho tiempo, regreso a una conclusión tan obvia y básica para entender esto de la relaciones: El amor y estar enamorado tiene que tenerte con una sonrisa en los labios, como si guardaras un secreto y la felicidad te delatara al punto en qué todos te preguntan ¿Por qué andas tan feliz?
Estaba caminando por una calle cuando, de pronto me sorprendí a mi misma entrando a una librería. No puedo empezar a explicar lo incómoda que me pone cuando un vendedor me pregunta: ¿En qué puedo ayudarla? Sin embargo, esta vez, sí podía ayudarme, me llené de valor y respondí: ¿Dónde están los libros de auto-ayuda? (poco falto que me excuse, inventando que no era para mí) Era oficial, le estaba diciendo a este hombre con una simple duda que algo no andaba bien en mi vida. Leí con detenimiento cada uno de los títulos hasta encontrar uno que resuelva mis conflictos amorosos. Por fin encontré uno en cuyo prólogo mencionaban un estudio de la universidad de Berkeley (es el equivalente a leer una etiqueta y ver 100% algodón). Entre a un café, me senté y arranque el plástico (cómo niño rompiendo una envoltura de regalo), abrí la primera página y me llene de vergüenza al exponer la tapa del libro en público, solo faltaba que me levante y me presente: “Hola mi nombre es Alejandra y claramente, algo no está bien en mi vida”.
Escuchaba, muy atenta, a un muchacho hablar sobre las relaciones (no sólo acudo a la literatura sino a la sabiduría popular) y comentaba que así como vivimos el amor, tenemos que vivir el desamor y atravesar esa etapa. Después de mucho tiempo, regreso a una conclusión tan obvia y básica para entender esto de la relaciones: El amor y estar enamorado tiene que tenerte con una sonrisa en los labios, como si guardaras un secreto y la felicidad te delatara al punto en qué todos te preguntan ¿Por qué andas tan feliz?
domingo, 15 de abril de 2012
Letra Chica
Hay hombres que van a la caza tocando trompeta, no saben que el silencio es clave al momento de acechar a su presa. Larga vida a los sinceros, esos que te leen la letra chica antes de que firmes el contrato. Son un producto que se vende solo y se vende mal. Ahora comprendo el por qué existen tantos solteros.
La honestidad en las primeras salidas es un arma de doble filo. Ante las preguntas: “¿por qué terminaste con tu última novia?” o “¿cuánto duró tu última relación”, las mujeres no pretendemos conocer sus vidas sino hacer un análisis FODA (Fortalezas, Oportunidades, Debilidades y Amenazas) de por qué este sujeto sigue en circulación. Un muchacho me contaba que su relación más larga había sido de dos meses, él con 35 años ya cumplidos ¿qué sucedía? Ante esta respuesta es inevitable tildarlo de monógamo serial con un doctorado en relaciones fugaces.
Regresando a la rueda de preguntas, en las primeras citas definitivamente creo que las madres de muchachos en edad casadera deben de enseñarles el fino arte del engaño (si es que sueñan con tener nietos). “Terminamos porque yo era muy infiel y no soportaba que me llame por teléfono los fines de semana” ¡Craso Error! Es como decir la verdad en esas pruebas psicológicas ante la interrogante “¿Piensa usted regularmente en suicidarse?” ¿Quién ,maldita sea, en su sano juicio responde “si”? Se perdona la locura pero no la estupidez.
No puedo disimular mi cara de horror cuando me topo con un amante de “la verdad nos hará libres” y me relata el fracaso de su última relación y encima de todo siempre tilda a su última víctima de “loca”. Si pudiera sincerarme, detener la charla y decir ¿Qué te hace pensar que conmigo sería diferente? Realmente una muerte anunciada y es posible que estos curioso especímenes se defiendan con un “yo te dije que era así desde el comienzo”.
La honestidad en las primeras salidas es un arma de doble filo. Ante las preguntas: “¿por qué terminaste con tu última novia?” o “¿cuánto duró tu última relación”, las mujeres no pretendemos conocer sus vidas sino hacer un análisis FODA (Fortalezas, Oportunidades, Debilidades y Amenazas) de por qué este sujeto sigue en circulación. Un muchacho me contaba que su relación más larga había sido de dos meses, él con 35 años ya cumplidos ¿qué sucedía? Ante esta respuesta es inevitable tildarlo de monógamo serial con un doctorado en relaciones fugaces.
Regresando a la rueda de preguntas, en las primeras citas definitivamente creo que las madres de muchachos en edad casadera deben de enseñarles el fino arte del engaño (si es que sueñan con tener nietos). “Terminamos porque yo era muy infiel y no soportaba que me llame por teléfono los fines de semana” ¡Craso Error! Es como decir la verdad en esas pruebas psicológicas ante la interrogante “¿Piensa usted regularmente en suicidarse?” ¿Quién ,maldita sea, en su sano juicio responde “si”? Se perdona la locura pero no la estupidez.
No puedo disimular mi cara de horror cuando me topo con un amante de “la verdad nos hará libres” y me relata el fracaso de su última relación y encima de todo siempre tilda a su última víctima de “loca”. Si pudiera sincerarme, detener la charla y decir ¿Qué te hace pensar que conmigo sería diferente? Realmente una muerte anunciada y es posible que estos curioso especímenes se defiendan con un “yo te dije que era así desde el comienzo”.
domingo, 8 de abril de 2012
Palmas para Ellos
Alguien, por favor, podría explicarme el origen de la maldita costumbre de aplaudir luego de una broma. Es decir, no hay cosa que me espante más que salir con un muchacho y que luego de un comentario ingenioso o cómico junte las palmas de sus manos y genere ese sonido que sólo debe de ser escuchando al fin de un gran espectáculo. ¿Por qué lo hacen? ¿Acaso hay una cámara escondida? ¿Por qué existe este complejo de sentir que son parte de un público imaginario? ¿Es una norma social de la cual nadie me informó?
Definitivamente, es necesario que las mujeres hagan saber a sus galanes qué fue lo que las espantó luego de la primera salida. Recuerdo a este muchacho, que no veía en muchos años y retomamos contacto debido al milagro de las redes sociales, luego de un tiempo prudencial y un recargado intercambio de correos electrónicos decidimos salir a tomar un café. Grande fue mi sorpresa cuando luego de escucharlo decir un par de palabras no podía evitar notar un inquietante seseo. De pronto, me hice la pregunta que me hago cada vez que salgo con un hombre (si lo supieran, muchos se espantarían): ¿Este individuo podría ser el padre de mis hijos? En esos instantes, la imagen del gato Silvestre enseñando a mis retoños decir sus primeras palabras fue un poderoso motivo para que no existiera una segunda cita.
Me provoca cierta ternura cuando un hombre inicia su cortejo pensando que no me doy cuenta en absoluto de lo que está pasando. Admiro que un muchacho sea frontal en el galanteo pero tengo un talento especial para darme cuenta cuando tienen una gran experiencia y esto delata que tienen varios anzuelos esperando a ver cual pica primero. Mi tía abuela solía decirme que escoger a un hombre jamás debe de ser como elegir a un cachorro: "nunca te lleves al más vivo de la camada".
Hace no mucho un hombrecillo intentó invitarme a salir, luego de pedirme mi número me pregunto un día: ¿Te puedo llamar más tarde? Inmediatamente lo detecté, era uno de esos que para besarte te piden autorización. ¿Dónde estamos en un salón de clases? Quiero un hombre que no aplauda, que no sesee y que me pida perdón antes de pedirme permiso.
Definitivamente, es necesario que las mujeres hagan saber a sus galanes qué fue lo que las espantó luego de la primera salida. Recuerdo a este muchacho, que no veía en muchos años y retomamos contacto debido al milagro de las redes sociales, luego de un tiempo prudencial y un recargado intercambio de correos electrónicos decidimos salir a tomar un café. Grande fue mi sorpresa cuando luego de escucharlo decir un par de palabras no podía evitar notar un inquietante seseo. De pronto, me hice la pregunta que me hago cada vez que salgo con un hombre (si lo supieran, muchos se espantarían): ¿Este individuo podría ser el padre de mis hijos? En esos instantes, la imagen del gato Silvestre enseñando a mis retoños decir sus primeras palabras fue un poderoso motivo para que no existiera una segunda cita.
Me provoca cierta ternura cuando un hombre inicia su cortejo pensando que no me doy cuenta en absoluto de lo que está pasando. Admiro que un muchacho sea frontal en el galanteo pero tengo un talento especial para darme cuenta cuando tienen una gran experiencia y esto delata que tienen varios anzuelos esperando a ver cual pica primero. Mi tía abuela solía decirme que escoger a un hombre jamás debe de ser como elegir a un cachorro: "nunca te lleves al más vivo de la camada".
Hace no mucho un hombrecillo intentó invitarme a salir, luego de pedirme mi número me pregunto un día: ¿Te puedo llamar más tarde? Inmediatamente lo detecté, era uno de esos que para besarte te piden autorización. ¿Dónde estamos en un salón de clases? Quiero un hombre que no aplauda, que no sesee y que me pida perdón antes de pedirme permiso.
domingo, 18 de marzo de 2012
Quejas
Confieso que nunca he sabido cómo reaccionar ante un halago. Me pone nerviosa cuando alguien me dice algo bueno sobre mí y sólo atino a responder con algo negativo. Recuerdo que un muchacho, pobre inocente, intentó ganarse unos puntos diciéndome: “Que linda voz tienes” a lo que respondí “gracias, será una ventaja si postulo a un puesto de celadora de cárceles”.
Cuando cumplí 18 años mí madre insistió en que debía ir al médico porque no era normal que una jovencita tuviera una voz tan gruesa. Luego de muchos exámenes donde ella esperaba que se revelen unos exagerados niveles de testosterona en mi organismo , el doctor le dijo que no ocurría nada malo conmigo (nunca olvidaré su cara de decepción ante la noticia de mi irreversible tono de voz). Sin embargo, la pobre parecía poco convencida, por si las dudas me abstengo de recibir los sospechosos jugos cargados de bondad que me ofrece cada mañana (es posible que esa maravillosa mezcla de papaya y naranja albergue estrógenos finamente molidos)
A veces, la paranoia puede ser la mejor aliada. Por otro lado, también debo admitir que me encanta quejarme. Una de mis amigas suele decir “no te preocupes, ocupate”. Pero que maravillosa actividad es quejarse y dar mil vueltas a un mismo asunto. Hasta la fecha no puedo recordar a un solo hombre que me haya dejado quejarme sin poner un maldito punto final diciéndome que me detenga y si no tomo acciones, entonces la conversación no tiene caso. Sería maravilloso que cumplan lo que predican, pues cuando les toca el turno a ellos para pasar un largo rato en sección “Quejas” parecen nunca quererse ir.
Realmente hasta para quejarse hay que ser bueno, hay “quejones” quienes todo el tiempo están a la defensiva como si quisiera tirar su frustración en ti. Hace unos días salí al cine con una amiga que no veía hace mucho tiempo y me comentó por teléfono que estaba saliendo con un chico. Cuando la vi decidí romper el hielo con un “Bueno y cuando será oficial con este muchacho” a lo que ella respondió, muy agresiva, “Sabes que, él y yo sabemos lo que tenemos y no necesitamos etiquetas”. Dos días después llamo diciendo “He decidido terminar con esta situación, no me merece y jamás vamos a definir qué somos”. Sigo intentando tratar de comprender lo que acabo de relatar pero , por favor, las mujeres no somos para NADA complicadas.
Ante la conocida frase “Bueno no voy a volver a incomodarte con mis quejas”, los hombres parecen no inmutarse. Es decir, les estamos diciendo entre líneas que les estamos perdiendo la confianza y parece que los estamos liberando de un peso gigante. Un día como hoy, no comprendo a los hombres… aunque mi madre no estaría de acuerdo con eso ya que pondría las manos al fuegos a que los entiendo mejor que ellos mismos lo hacen, finalmente, de acuerdo a ella tengo más testosterona que muchos.
Cuando cumplí 18 años mí madre insistió en que debía ir al médico porque no era normal que una jovencita tuviera una voz tan gruesa. Luego de muchos exámenes donde ella esperaba que se revelen unos exagerados niveles de testosterona en mi organismo , el doctor le dijo que no ocurría nada malo conmigo (nunca olvidaré su cara de decepción ante la noticia de mi irreversible tono de voz). Sin embargo, la pobre parecía poco convencida, por si las dudas me abstengo de recibir los sospechosos jugos cargados de bondad que me ofrece cada mañana (es posible que esa maravillosa mezcla de papaya y naranja albergue estrógenos finamente molidos)
A veces, la paranoia puede ser la mejor aliada. Por otro lado, también debo admitir que me encanta quejarme. Una de mis amigas suele decir “no te preocupes, ocupate”. Pero que maravillosa actividad es quejarse y dar mil vueltas a un mismo asunto. Hasta la fecha no puedo recordar a un solo hombre que me haya dejado quejarme sin poner un maldito punto final diciéndome que me detenga y si no tomo acciones, entonces la conversación no tiene caso. Sería maravilloso que cumplan lo que predican, pues cuando les toca el turno a ellos para pasar un largo rato en sección “Quejas” parecen nunca quererse ir.
Realmente hasta para quejarse hay que ser bueno, hay “quejones” quienes todo el tiempo están a la defensiva como si quisiera tirar su frustración en ti. Hace unos días salí al cine con una amiga que no veía hace mucho tiempo y me comentó por teléfono que estaba saliendo con un chico. Cuando la vi decidí romper el hielo con un “Bueno y cuando será oficial con este muchacho” a lo que ella respondió, muy agresiva, “Sabes que, él y yo sabemos lo que tenemos y no necesitamos etiquetas”. Dos días después llamo diciendo “He decidido terminar con esta situación, no me merece y jamás vamos a definir qué somos”. Sigo intentando tratar de comprender lo que acabo de relatar pero , por favor, las mujeres no somos para NADA complicadas.
Ante la conocida frase “Bueno no voy a volver a incomodarte con mis quejas”, los hombres parecen no inmutarse. Es decir, les estamos diciendo entre líneas que les estamos perdiendo la confianza y parece que los estamos liberando de un peso gigante. Un día como hoy, no comprendo a los hombres… aunque mi madre no estaría de acuerdo con eso ya que pondría las manos al fuegos a que los entiendo mejor que ellos mismos lo hacen, finalmente, de acuerdo a ella tengo más testosterona que muchos.
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